La vieja y la nueva creación


Lectura bíblica:

Génesis 1:1-3 “En un principio creó ’Elohim los cielos y la tierra. Pero la tierra llegó a estar desolada y vacía, y había tinieblas sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se cernía sobre la faz de las aguas. Entonces dijo ’Elohim: Haya luz. Y hubo luz”.

Devocional:

En Génesis 1:1 se nos muestra la creación original del Dios Triuno (’Elohim), en la cual, Él creó de la nada (heb. bará) los cielos: el cielo atmosférico, el cielo espacial y el tercer cielo (cf. 2 Co. 12:2), que son Su trono, y la tierra, que es el estrado de Sus pies (cf. Is. 66:1). Pero luego de la belleza de la creación divina, se nos relata la desolación y la vaciedad introducidas en la tierra a causa del juicio de Dios por causa de la rebelión satánica que trastorno los cielos y corrompió la tierra (cf. Is. 14:12-15; Ez. 28:13-17, Col. 1:20). Pero cuando las tinieblas reinaban sobre la faz del abismo, el Espíritu de ’Elohim se cernía como una gallina extendiendo sus alas sobre la faz de las aguas de la muerte (cf. Gn. 6:5-7, 17; 2 R. 2:19-21) para empollar y producir nueva vida. Esta nueva vida dio inicio con el amanecer de la luz del primer día, producido por la palabra divina, al decir ’Elohim: “Haya luz”.


Ciertamente, esta no es una mera crónica de los orígenes del universo, sino que es más que eso, en este relato maravilloso, se encuentra plasmada, estimado hermano y hermana, su historia y mi historia, y la historia de todos los hijos de Dios. Un día, Dios nos creó, a usted y a mí, para que fuésemos habitados por Él, para que llegásemos a ser Su morada (cf. 1 Co. 3:16; Ro. 8:9, 11), el lugar donde estuviera el estrado de Sus pies (cf. Sal. 132:7) y desde donde Él sojuzgará a Sus enemigos (cf. He. 1:13); de la misma forma, que la tierra fue creada para ser habitada, y no para ser desolada (cf. Is. 45:18). Pero a causa del pecado que nos fue imputado en Adán (cf. Ro. 5:12), nosotros, en su momento, y por nuestras propias concupiscencias fuimos seducidos al pecado (cf. Stg. 1:14-15), a ser uno con Satanás el rebelde (cf. Jn. 8:44); y como resultado de todo ello, la desolación y el vacío, producto del justo juicio de Dios (cf. Ro. 1:24-32), inundo nuestra vida y las potestades de las tinieblas satánicas cubrieron nuestros entendimiento (cf. Jn. 12:4; 2 Co. 4:4), quedando sumergidos en la faz de las aguas de la muerte (Stg. 1:15; Ef. 2:1) y conducidos hacia la perdición eterna (cf. Mt. 25:41).

Pero un día, en Su misericordia (cf. Ef. 2:4) y por Su gracia (cf. Ef. 2:5, 8), el Espíritu Santo se comenzó a cernir sobre nuestro corazón (cf. 2 Ts. 2:13), para que pudiésemos creer a Dios y a Su palabra (cf. 1 P. 1:2). Fue así, que estando muertos en delitos y pecados, un día Su palabra nos fue hablada (cf. Ro. 10:17), y la vida, que es el Señor Jesús mismo (cf. Jn. 14:6; Col. 3:4; 1 Jn. 5:11-12), fue producida en nuestro en nuestro espíritu (cf. Jn. 6:63; Ef. 2:5; Ro. 8:10), y la luz de esa vida (cf. Jn. 8:12; Fil. 2:16; Sal. 119:130), disipo de nosotros las potestades de las tiemblas (cf. 2 Co. 4:6) y nos traslado al reino del Hijo de Su amor (cf. Col. 1:13), en la esfera de luz divina (cf. Col. 1:12). Esta es la luz del primer día, es la luz producida por el resplandor de la vida divina que resplandece sobre las tinieblas, y las cuales no pueden prevalecer contra ella (cf. Jn. 1:4-5). Este maravilloso traslado de las tinieblas a Su luz admirable nos ha hecho nueva creación; de tal manera, que las cosas viejas han pasado (cf. Is. 43:25; Jer. 31:34; Mi. 7:19; He. 2:11), y todas las demás son hechas nuevas al estar en Él (cf. 2 Co. 5:4; Jn. 15:5).

Tomado del libro: Devocionales de vida
Escrito por: Ministerio Disfrutando la Palabra
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¡Renovaos como el águila!


Lectura bíblica:

Isaías 40:31 “Pero los que esperan en Jehovah renovarán sus fuerzas; se remontaran con alas como las águilas; correrán y no desfallecerán; caminaran y no se cansaran”.

Salmo 103:5 “Él te sacia de bien en la flor de tus días, para que tu juventud sea renovada como el águila”.

Comentario:

Ciertamente que nuestro Dios no es un tema para el estudio; nuestro Dios es una persona viviente para nuestro disfrute real y continuo. Él desea no que le conozcamos con nuestra mente, sino que le comamos y que le bebamos en nuestro interior, en nuestro espíritu. Por ello, Él dijo: “El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna” (Jn. 6:54). ¿Y quién es la vida eterna? La vida eterna es el Señor mismo: “Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida” (1 Jn. 5:11-12). La vida eterna consiste en comer y beber a una persona viviente, ya que en esta persona maravillosa reside la vida: “En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres” (Jn. 1:4), y es la vida misma: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Jn. 14:6). Es por esta razón, que el Salmo 103:5 nos dice que Jehovah nos sacia de bien en la flor de nuestros días. Si el Señor no fuera tan disfrutable, al punto de que podemos comerle y beberle en nuestro interior, entonces el salmista no hubiese dicho: “Él sacia”.

¿Pero cómo somos saciados?, es decir, ¿Cómo comemos y bebemos al Señor? La respuesta a esta interrogante la encontramos en Isaías 40:31, que nos dice: “Pero los que esperan en Jehovah” (Sal 25.3; 33.20-21; Is 49.23). ¿Qué es esperar en Jehovah? El salmista dice en el Salmo 119:147: “Me anticipé al alba, y clamé; esperé en tu palabra”; y el Salmo 40:1: “Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor”. Según estos dos versículos del libro de los salmos, esperar en Jehovah es orar y orar-leer Su palabra en la confianza de que Él hará algo por nosotros, por nuestra necesidad y debilidad. Esperar de esta forma en Jehovah es comerle y beberle, es ser saciados del bien.

En muchas ocasiones me he encontrado al borde de la desesperación y en el filo del desaliento, pero puedo testificar en el Señor, que al volverme a Él mediante la oración, y mediante la meditación de Su palabra en oración, el Señor ha hecho que mi juventud espiritual sea renovada con el águila. Esta es la experiencia práctica de renovar nuestro hombre interior (el espíritu humano donde ha venido a morar el Espíritu de Dios) de día en día (2 Co. 4:16). Es por esta razón, que Pablo dijo: “Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor” (2 Co. 3:17-18).

«El águila es un ave que puede alcanzar una edad de hasta cien años de vida con una vitalidad diariamente renovada (Is. 40:31). Cuando Dios, mediante las gracias y los consuelos de Su Espíritu, hace que los Suyos se recuperen de sus enfermedades y los llena de vida y gozo nuevos, como arras de la vida y del gozo eternos, bien puede decirse que vuelven a los días de su juventud (Job. 33:25)» (Francisco Lacueva, Comentario Bíblico Matthew Henry, Trece tomos en uno, pág. 632, Editorial CLIE, 1999).

Si tenemos esta experiencia entonces volaremos, correremos y caminaremos bajo la unción del Señor en nuestro interior (Ro. 8:10; Col. 1:27). Cuando los problemas y las dificultades se nos presentan en nuestra experiencia como gruesas murallas, necesitamos ser ligeros como las águilas para volar sobre ellos (Ex. 19:4; 2 S. 1:23), cuando las tentaciones vienen, necesitamos dejar nuestras ropas y correr lejos de ellas (Gn. 39:11-16), y ante todo, debemos siempre caminar por la senda antigua para que hallemos descanso para nuestra alma (Jer. 6:16; 18:15; Jn. 14:6; Col. 2:6).

Así que queridos hermanas y hermanos, les animo en el Señor, a no desmayar; sino más bien, les invito a que le busquen cada día en oración y mediten en Su palabra también en oración a fin de ser renovados con las águilas.

También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar” (Lc. 18:1).

Por lo cual, teniendo nosotros este ministerio según la misericordia que hemos recibido, no desmayamos” (2 Co. 4:1).

Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día” (2 Co. 4:16).

No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos” (Gá. 6:9).

Considerad a Aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar” (He. 12:3).

En Cristo.
Ministerio Disfrutando la Palabra
Mensaje escrito el 14 de diciembre de 2013

La conclusión de la epístola de Judas


Judas es una maravillosa epístola, menospreciada por muchos y mal entendida por otros, esta epístola tiene un gran tema que es:

“Contender ardientemente por la fe (Jud. 3) al disfrutar al Bendito Dios Triuno (Jud. 20-21) andando en el camino del arrebatamiento (Jud. 14) al estar atentos a la palabra profética (Jud. 14, 17-18) con miras a la vida eterna en la gloria divina (Jud. 21, 24)”.

Desarrollaremos estos cinco puntos que engloban todo este tema a continuación:

I. Contender ardientemente por la fe.

En primer lugar, Judas nos exhorta a contender ardientemente por la fe transmitida una vez para siempre a los santos (Jud. 3). Esta fe, es la fe objetiva, las cosas que creemos para nuestra común salvación, que no son otra cosa más, que el contenido pleno del Nuevo Testamento que habla acerca de la Biblia, Dios, Cristo, la obra de Cristo, la salvación y la iglesia; entre aquellos que son verdaderos cristianos y han alcanzado madures no hay disputas en cuanto a ninguno de estos seis asuntos (cf. Ef. 4:13). No se trata de doctrinas; sino de la verdad neotestamentaria.

II. Al disfrutar al Bendito Dios Triuno.

En segundo lugar, encontramos la forma en que se contiende genuina y ardientemente por esta fe, no es por medio de contiendas y disputas que se originan en la carne, ni por medio del razonamiento humano que se origina en el alma; sino por medio de ser edificamos a nosotros mismos sobre el fundamento de esta santísima fe, al disfrutar de todo lo que el Dios Triuno es (Jud. 20-21), lo cual es la gracia (Jud. 3). Esto tiene que ver con ser “edificados como casa espiritual hasta ser un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo” (1 P. 2:5). Esta edificación, requiere que dejemos de ser hombres “que causan divisiones; los anímicos, que no tienen espíritu” (Jud. 19), y seamos hombres espirituales (1 Co. 2:10-13; 3:1), que ejercitan su espíritu (cf.  1 Ti. 4:7-8) para orar en el Espíritu Santo a fin de conservarnos a nosotros mismos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo, multiplicando de esta forma la misericordia, la paz y el amor en nuestras vidas (Jud. 2).

III. Andando en el camino del arrebatamiento.

En tercer lugar, al vivir en el Dios Triuno disfrutándole, somos guardados de seguir el camino de Caín, como también del error de Balaam y de la rebelión de Coré (Jud. 11), para seguir el camino del arrebatamiento, el camino de Enoc y los vencedores (Jud. 14).

A. El camino de Enoc, el camino del arrebatamiento.

El camino de Enoc es el camino de la consagración, denotado por el significado de su nombre, es el camino donde caminamos con Dios durante toda nuestra vida en esta tierra (Gn. 5:22), sirviéndole como esclavos (Jud. 1) a nuestro único Amo y Señor Jesucristo (Jud. 3) y como un sacerdocio santo y real (1 P. 2:5, 9) en nuestro espíritu (Ro. 1:9), adorándole (Jn. 4:23-24) con alabanza (Jud. 24-25) para ser llenos de Él en el espíritu (Ef. 5:18-20) y poder así sujetarnos unos a otros (Ef. 5:21; He. 13:17 cf. Jud. 8) para ser mutuamente animados (Ro. 1:12) y edificados (1 Ts. 5:11) y para ser avivados (2 Ti. 1:6; 1 Ts. 5:19) a fin de que con espíritu ferviente (Ro. 12:11) podamos vivir por Él (1 Jn. 4:9), en Él (Gá. 2:20; Fil. 1:21 cf. Hch. 17:28) y para Él (Ro. 14:8), expresándole en nuestro vivir (1 Ti. 3:16; 4:7-8). Cooperando así, con la obra transformadora del Espíritu (Ro. 12:2; 2 Co. 3:18) que tiene que ver con ocuparnos en nuestra salvación (Fil. 2:12).

Únicamente sin andamos por este camino durante nuestro peregrinar en esta tierra (1 P. 1:17; 2:11) seremos arrebatados (Gn. 5:24); ya sea, si hemos muerto, a Dios y a Su trono (Ap. 12:5, 10-12), o si aun vivimos para Su regreso, al monte de Sión celestial (Ap. 14:1-5) o a la presencia de Cristo (Ap. 3:10; Lc. 21:36; Mt. 24:39-42).

Este, es el arrebatamiento (cf. Ap. 7:9) de los vencedores (Ap. 2:7, 11, 17, 26; 3:5, 12, 21; 21:7). De aquellos que no solo vencen a Satanás (Ap. 12:11), al mundo (1 Jn. 5:4-5), a la carne (Gá. 5:24, 16), al pecado (Ro. 8:2-4, 10), a la muerte (Ro. 6:9), al ‘yo’ (Gá. 2:20) y al presente siglo maligno, que es la religión (Gá. 1:4); sino también aquellos que vencen la degradación (2 Ti. 1:13-15; 4:10) y la apostasía (2 Ts. 2:3; 2 P. 2:1; 1 Ti. 4:1). Los cuales por haber sido uno con el Señor (1 Co. 6:17) se les ha dado la promesa de regir con vara de hierro a todas las naciones (Ap. 2:26-27; 12:5) para regirlas con el Señor en: (1) Su manifestación gloriosa (Ap. 19:15), en la cual ellos vendrán como los santos (Jud. 14; 1 Ts. 3:13) y como el ejercito celestial (Ap. 19:14) “vestidos de lino finísimo, blanco y limpio” (cf. Ap. 3:5), vestidos que se le han dado a la esposa (Ap. 19:7-8), comprados del Cordero (Ap. 3:18), y blancos y limpios porque las han lavado, y los han emblanquecido en la sangre del Cordero (Ap. 7:14) para poder estar delante de Él (Ap. 7:9, 13-15); y (2) en la era del reino milenario (Ap. 20:4-6 cf. 2 Ti. 2:12).

Este es el camino de Enoc, el camino del arrebatamiento y de los vencedores. Pero en oposición a este, en Judas encontramos una trinidad maligna que se opone aferrimamente a este, es decir: (1) el camino de Caín, (2) el error de Balaam y (3) la rebelión de Coré.

B. El camino de Caín.

El camino de Caín consiste en servir a Dios religiosamente según nuestras propias preferencias, cometiendo la herejía de rechazar la redención efectuada con sangre que Dios requería y prescribió, y también consiste en actuar según la carne, envidiando al verdadero pueblo de Dios por el fiel testimonio que éste tiene ante Dios (Gn. 4:2-8). Por tanto, el camino de Caín está relacionado con convertir en libertinaje la gracia de Dios (Jud. 4), con la impiedad (Jud. 4, 15), con la incredulidad (Jud. 5), con la contaminación de la carne (Jud. 8), con las fieras ondas del mar (Jud. 13) y con sus propias concupiscencias (Jud. 16).

C. El error de Balaam.

El error de Balaam es el error de enseñar una doctrina equivocada a cambio de una recompensa, a sabiendas que dicha doctrina es contraria a la verdad y va en contra del pueblo de Dios, y el error de abusar de ciertos dones para influir en el pueblo de Dios y así descarriarlo, apartándolo de la adoración pura del Señor y llevándolo a la adoración de ídolos; codiciar lucro hace que los codiciosos se lancen precipitadamente en el error de Balaam (Nm. 22:7, 21; 31:16; Ap. 2:14; cf. 2 R. 5:20-27). Por tanto, el error de Balaam está relacionado con no guardar su principado (Jud. 6), con los soñadores y que injurian a las potestades superiores (Jud. 8), con maldecir lo que no conocen (Jud. 9-10), con los escollos ocultos (Jud. 12 cf. Ap. 2:14), con las cosas duras que los pecadores impíos han hablado contra Él (Jud. 15 cf. Hch. 9:4-5), con hablar cosas infladas y adular para sacar provecho (Jud. 16) y con la fornicación (Jud. 6-7 cf. Ap. 2:14).

D. La rebelión de Coré.

La rebelión de Coré es una rebelión contra la autoridad delegada por Dios en Su gobierno, y contra Su palabra hablada por Su enviado, lo cual produce destrucción (Nm. 16:1-40; Ro. 16:17). Por tanto, la rebelión de Coré está relacionada con negar al único Amo y Señor Jesucristo (Jud. 4), con menospreciar el señorío (Jud. 8), con corromperse (Jud. 10), con murmurar y quejarse (Jud. 16) y con causar división (Jud. 19).

Es increíble darse cuenta que estas tres cosas: el camino de Caín, el error de Balaam y la rebelión de Coré conforman una trinidad maligna que tiene un gran parecido con la trinidad satánica mencionada en Apocalipsis 16:13. El camino de Caín concuerda con el anticristo (1 Jn. 4:3; 2 Jn. 7), la bestia (Ap. 13:1-8; 14:9); el error de Balaam con el falso profeta (Ap. 3:11-14; 19:20); y la rebelión de Coré con Satanás, el diablo (Is. 14:12-14; Ap. 12:7). Así mismo, esta trinidad maligna engloba todo lo negativo encontrado en la epístola de Judas que tiene que ver con el proceder y el vivir de los apóstatas.

IV. Al estar atentos a la palabra profética.

En cuarto lugar, para poder ser fortalecidos en espera (Jud. 21) del eminente regreso del Señor, debemos estar atentos a la “palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una lámpara que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día amanezca y la estrella de la mañana nazca en vuestros corazones” (1 P. 1:19).

Esta palabra profética según Judas está basada en la profecía de Enoc (Jud. 14-15), es decir, el Antiguo Testamento (cf. también Jud. 5-7, 9, 11) y en las palabras dichas por los apóstoles (Jud. 17-18), es decir, el Nuevo Testamento. La Biblia entera es la palabra que alumbra (Sal. 119:130) como una lámpara (Sal. 119:105) en medio de la oscuridad antes del regreso de Cristo (Mr. 6:47-51), el sol de justicia (Mal. 4:2), que traerá la mañana del día del Señor (1 Ts. 5:2; 2 Co. 1:14). Pero antes de que el día se acerque necesitamos que la estrella de la mañana nazca en nuestros corazones (cf. Ef. 3:17; Gá. 4:19) al ser iluminados por medio de la bendita palabra profética.

La estrella resplandeciente de la mañana es el Señor Jesús (Ap. 22:16). En Su primera manifestación, Su estrella fue vista por los magos y no por los religiosos judíos (Mt. 2:2, 9-10). Ahora, en Su segunda manifestación, Él será la estrella resplandeciente de la mañana, que aparece en las horas más oscuras de la noche antes que el día amanezca, para los vencedores (Ap. 2:27-28 cf. 1 Ts. 5:4), para quienes velan (Mt. 25:13) y aman (2 Ti. 4:8) Su venida. Para todos los demás, Él simplemente aparecerá como el sol (Mal. 4:2), que calienta en todo su ardor para pisotear el lagar del vino del ardor de la ira del Dios todopoderoso (Ap. 19:15).

Además, mientras aguardamos Su regreso estando atentos a la palabra profética; esta palabra, que es Espíritu (Jn. 6:63; Ef. 6:17) nos sirve: (1) como agua de vida (Jn. 7:39) que nos sacia (Jn. 4:14) y nos llena (Hch. 4:31) para regar con ella la labranza del Señor (1 Co. 3:9) bendiciendo a otros (Jud. 8, 10 cf. Lc. 6:28; Ro. 12:14) con la bendición de Abraham (Gá. 3:14); (2) como aceite (Is. 61:1; He. 1:9) que hace arder nuestras lámparas (Mt. 25:1, 4, 7, 10; Pr. 20:27) para resplandecer como luminares en el mundo (Fil. 2:15; Mt. 5:16) y como estrellas en las iglesias (Ap. 1:20); (3) como leche para nutrir a otros (1 P. 2:2; 1 Ts. 2:7; 1 Ti. 4:7) y como pasto (Jn. 10:9; Sal. 23:2) para apacentar al rebaño del Señor (Jn. 10:16; 21:15-17; Hch. 20:28-29; 1 P. 5:2); y (4) como agua (Jn. 7:39) y rica savia (Ro. 11:17) para crecer (2 P. 3:18), estar llenos de vida (Hch. 6:3) y llevar fruto en abundancia (Jn. 15:4). De esta manera, recibimos misericordia (Jud. 21, 2; He. 4:16) para tener misericordia de otros que han sido seducidos por el error (Jud. 22-23; Stg. 5:20; 2 P. 2:18; 3:17). Todas estas cosas, están en oposición a ser nubes sin agua, arrastradas por los vientos, estrellas errantes, apacentadores de sí mismos y árboles otoñales, sin fruto, dos veces muertos y desarraigados (Jud. 12-13).

V. Con miras a la vida eterna en la gloria divina.

En quinto y último lugar, hay que ver, que por medio de la perseverancia y de la consolación de las Escrituras, la palabra profética, tenemos hoy esperanza (Ro. 15:4), y la aguardamos con mucho anhelo (Ro. 8:24-25), porque esta esperanza no avergüenza (Ro. 5:5); ya que es la esperanza bienaventurada (Tit. 2:13) de la vida eterna (Tit. 1:2). Por ello, Judas dice: “esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna” (Jud. 21). “Para” que es la preposición griega eis, significa destino y llegar a ser. Por tanto, la vida eterna es nuestro destino, nuestra herencia en la eternidad (Mt. 19:29) y llegamos a ser la Nueva Jerusalén, la ciudad que resplandece como una piedra preciosa y transformada de jaspe (Ap. 21:11), que su muro es de jaspe (Ap. 21:18) y que su primer cimiento es igualmente de jaspe (Ap. 21:19) semejante el aspecto del que están sentado en el Trono (Ap. 4:3 cf. 1 Jn. 3:2). El jaspe es de color verde, y el color verde en la Escritura es un símbolo de la vida (Gn. 1:11-12; Ap. 8:7; 9:4).

Esta ciudad que ha llegado a ser la vida eterna, porque expresa al Dios de vida (Jn. 5:26; 14:6; Ro. 8:2), que es la esposa del Cordero (Ap. 21:9-10; Jn. 3:29; 2 Co. 11:2; Ef. 5:25-27), ha llegado a ser también gloriosa (Ef. 5:27) pues tiene la gloria de Dios en ella (Ap. 21:11). Dios es “Aquel que es poderoso para guardaros de tropiezos, y presentaros sin mancha delante de Su gloria con gran alegría” (Jud. 24). ¡Amén!

Esta es la maravillosa conclusión de la epístola de Judas, la síntesis que la resumen toda, y que expresa de forma clara todo su mensaje.

¡Soli Deo gloria!

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