Judas 4



Lectura bíblica:

Judas 4 “Porque algunos hombres se han introducido encubiertamente, los que ya desde antiguo estaban inscritos para este juicio, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a nuestro único Amo y Señor Jesucristo”.

Comentario:

En este versículo Judas menciona tres características de los falsos maestros y dos aspectos de su obra apóstata. A partir de este versículo 4 hasta el versículo 19, la epístola es un paralelo de 2 Pedro capítulo 2.

Judas
2 Pedro
v. 4
2:1-2
v. 6
2:4
v. 7
2:6
v. 8
2:10
v. 9
2:11
v. 10
2:12
v. 11
2:15-16
v. 12
2:13, 17
v. 13
2:17
v. 16
2:18
v. 17-18
2:1, 14
v. 19
2:18

Pero, en lugar de creer que los dos pasajes son copia el uno del otro, deberíamos darnos cuenta de que el Espíritu Santo ha seleccionado los materiales que eran apropiados para Su propósito en cada caso, y que el parecido de ambos, es el resultado de la comunión (Hch. 2:42), unanimidad (Hch. 1:14; 2:46) y uniformidad (Ro. 15:5; 1 Co. 1:10) que existía en la enseñanza de los apóstoles.

I. Porque algunos hombres se han introducido encubiertamente.

Judas nos dice que debemos contender ardientemente por la fe porque algunos hombres[1] (gr. gar[2] tines[3] anthrôpoi[4]) se han introducido encubiertamente (gr. pareisedysan[5]).  “Algunos hombres” está en contraste con “los santos” del versículo anterior, y expresa cierto desprecio. La palabra griega pareisedysan significa “han entrado furtivamente por el lado, o se han introducido furtivamente por una puerta lateral”, algunos la traducen como: “habían deslizado subrepticiamente por una puerta lateral” (cf. Mt. 13:25; Hch. 15:24; Gá. 2:4; Ef. 4:14; 2 Ti. 3:6; 2 P 2:1-2). Es similar a pareisaxousin en 2 P. 2:1, que dice:

“Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como también entre vosotros habrá falsos maestros, que introducirán secretamente herejías destructoras, y aun negarán al Amo que los compró, acarreando sobre sí mismos destrucción repentina”.

Estos hombres, eran falsos maestros que se habían infiltrado con pretensiones de ser verdaderos cristianos, y que en la superficie, parecían serlo (2 Ti. 3:5), pero no lo eran (1 Jn. 2:19; 2 Jn. 9); sino que su verdadera intensión era desviar a los santos de la santísima fe (Mt. 7:15; Hch. 20:29; Gá. 2:4-5; 1 Ti. 4:1-3; 6:5; 2 P. 2:1, 20-22; 1 Jn. 2:18-23).

El Señor Jesús hablo de estos hombres en Juan 10:1, 9-10, diciendo:

“De cierto, de cierto os digo: El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ése es ladrón y salteador… Yo soy la puerta; el que por Mí entre, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos. El ladrón no viene sino para hurtar, matar y destruir; Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”.

Pablo también hablo de estos hombres cuando dijo:

Estos son los “falsos hermanos introducidos a escondidas, que se infiltraban para espiar nuestra libertad que tenemos en Cristo Jesús, para reducirnos a esclavitud” (Gá. 2:4).

Y Juan añadió en su epístola:

“Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros” (1 Jn. 2:19).

II. Los que ya desde antiguo estaban inscritos para este juicio.

Estos son los que ya desde antiguo (gr. hoi[6] palai[7]) estaban inscritos para este juicio (gr. progegrammenoi[8] eis[9] touto[10] to[11] krima[12]). La palabra griega progegrammenoi significa “habiendo sido escrito de antemano”, es casi similar a prooristhentes, marcados de antemano, predestinados (cf. Ro. 9:21-22; 1 P. 2:8, 3).

Mientras que los creyentes fueron predestinados para filiación por medio de Jesucristo (Ef. 1:5) y predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el consejo de Su voluntad, a fin de que seamos para alabanza de Su gloria (Ef. 1:11-12); de los falsos maestros se dice, por el contrario, que se ha escrito de antemano de ellos, que están reservados para juicio y condenación, que es el doble significado que a krima se le puede asignar.

Esto que se ha escrito de antemano sobre los falsos maestros, está plasmado en las profecías del Antiguo Testamento (cf. Dt. 13:13; Jue. 2:17; Neh. 9:26; Ez. 36:20; Hch. 7:39; Is. 8:19-21; 47:9-15; Os. 9:9; Sof. 3:1-8); así como en el hablar de los apóstoles y profetas neotestamentarios (cf. Mt. 7:15-16; 24:9-11, 24; Mr. 13:22; Lc. 8:13; Hch. 20:29-30; 2 Co. 11:13-15; Gá. 1:6-8; 2:4-5; Ef. 5:6; Fil. 3:18-19; Col. 2:4; 2 Ts. 2:3; 1 Ti. 4:1-3; 6:5, 20-21; 2 Ti. 4:3-4; Tit. 3:9-11; He. 3:12; 6:4-6; 10:26; 2 P. 2:1-22; 3:3-4, 16-17; 1 Jn. 2:18-23; 4:1; 2 Jn. 7-11; 3 Jn. 9-10). Que es de lo que Judas hablará a partir del versículo subsiguiente hasta el versículo 19.

III. Hombres impíos.

Estos falsos maestros apóstatas son, como literalmente dice el texto, impíos (gr. asebeis[13]). El griego asebeis, es lo contrario de eusebeís, piadoso.

Según 1 Ti. 3:16, la piedad es Dios manifestado en la humanidad. Es, que el Dios que mora en nosotros exprese Sus atributos divinos (comunicables) en nuestras virtudes humanas. Mientras que la impiedad es la manifestación de la carne en nuestra humanidad (Gá. 5:19-21). He aquí otra prueba más, que contender ardientemente por la fe es manifestar al Señor en nuestro vivir.

Los falsos maestros eran hombres impíos (cf. Jud. 1:15; 2 S. 22:5; Sal. 1:1; 1 P. 4:18; 2 P. 2:5-6; 3:7) que hacían obras impías, impíamente (Jud. 15), y que andaban según sus impías concupiscencias (Jud. 18). Y en 2 P. 2:5-6, Pedro agrega, que estos falsos maestros vivían según el “mundo de los impíos” (cf. Ef. 2:2) y “vivían impíamente”. Y el día del juicio (Mt. 10:15; 11:22, 24; 12:36; Ro. 2:5; 1 Jn. 4:17; Ap. 20:11-15), será también el día de la destrucción de estos hombres impíos (2 P. 3:7). Estos, tenían apariencia de piedad, pero negaban con sus hechos la eficacia de ella (2 Ti. 3:5).

Debemos siempre recordar, que:

“Sabe el Señor librar de la prueba a los piadosos, y guardar a los injustos bajo castigo para el día del juicio” (2 P. 2:9).

IV. Que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios.

La obra principal de los falsos maestros apóstatas consiste en que convierten en libertinaje (gr. metatithentes[14] eis[15] aselgeian) la gracia de nuestro Dios (gr. tên[16] charin hêmôn[17] tou[18] Theou).

Estos, en lugar de convertirse para que Dios los sane de su pecaminosidad (Mt. 13:15; Jn. 12:40; Hch. 28:27); convierten en libertinaje la gracia de Dios (cf. Ro. 6:1-2; Gá. 5:13; Tit. 2:11-12; He. 12:15-16; 1 P. 2:16; 2 P. 2:10, 18-22). El griego metatithentes puede ser traducido como alejando, trasladado, transfiriendo o convirtiendo. Literalmente significa “cambio de lugar o posición”.

Es empleado en Gá. 1:6 para referirse a la apostasía de los gálatas, y ahí se traduce como “alejando”:

“Estoy maravillado de que tan pronto os estéis alejando (gr. metatithesthe) del que os llamó en la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente”.

Los creyentes gálatas habían cambiado su posición de estar en Cristo, a estar bajo la ley (Gá. 4:21); y por ende, habían caído de la gracia (Gá. 5:4); mientras que los falsos maestros aquí en Judas, había cambiado la posición que la gracia tiene en la común salvación y en la fe, a la posición del libertinaje, usando “la libertad como ocasión para la carne” (Gá. 5:13).

Aselgeian (libertinaje) significa literalmente “conducta libertina descarada y desafiante, desenfreno”. En Mr. 7:22; Ro. 13:13; 2 Co. 12:21; Gá. 5:19; 1 P. 4:3; 2 P. 2:2, 18 se traduce como “lascivia” y en 2 P. 2:7 como “conducta licenciosa”. Por ello, David H. Wallece argumenta que “implica desenfreno sexual”. Como lo que Pedro dice en 2 P. 2:14:

“Tienen los ojos llenos de adulterio, no cesan de pecar, seducen a las almas inconstantes”.

O, como Pablo lo dijo también:

“Porque de éstos son los que se meten en las casas y llevan cautivas a las mujercillas cargadas de pecados, arrastradas por diversas concupiscencias. Estas siempre están aprendiendo, y nunca pueden llegar al pleno conocimiento de la verdad” (2 Ti. 3:6-7).

Pedro dice que muchos seguirán la lascivia de estos los falsos maestros, por causa de los cuales el camino de la verdad será injuriado (2 P. 2:2), estos como inicuos llevan una conducta licenciosa (2 P. 2:7; Ro. 6:15) y hablando palabras infladas y vanas, seducen con los deseos de la carne y con la lascivia a los que a duras penas escapan de los que viven en error (2 P. 2:18).

Efesios 4:19, retrata claramente la condición de estos falsos maestros apóstatas y libertinos, ya que nos dice:

“Los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia (gr. aselgeia) para cometer con avidez toda clase de impureza”.

“Perder la sensibilidad” (gr. apêlgêkotes), es decir, la conciencia de nuestro espíritu (cf. Ro. 8:16 con 9:1); es equivalente a “no tener espíritu” (gr. echontes pneuma) como se menciona en Judas 19. Y esto, siempre se desencadena en el desenfreno de una conducta libertina, descarada y desafiante.

Lo que los falsos maestros apóstatas hacia libertinaje, no era cualquier cosa; sino la gracia (gr. charin) de nuestro Dios. Esto es sumamente serio y delicado.

La gracia vino a nosotros por medio de Jesucristo (Jn. 1:17). Ella es la salvación que estaba destinada a nosotros en este tiempo presente, en esta era de gracia (1 P. 1:10), y es también la esperanza que se nos traerá cuando Jesucristo sea manifestado en Su parusía (1 P. 1:13). Necesitamos crecer en esta gracia (2 P. 3:18). Para que los demás puedan verla expresada en nuestro vivir (Hch. 11:22-23). Durante nuestro peregrinar en esta tierra (1 P. 1:17), debemos estar atentos, no sea que caigamos de esta gracia (He. 12:15), y seamos reducidos a nada (Gá. 5:4).

Como podemos ver, la gracia lo es todo para nosotros, es la salvación, la esperanza, nuestro crecimiento hacia la madurez, la expresión de Dios en nuestro vivir y la razón por la cual debemos velar para no caer de ella. Sin todas estas cosas ¿Qué nos queda?, “sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios” (He. 10:27).

Estos cinco asuntos: la salvación, la esperanza, el crecimiento, el vivir y el velar. Requieren una disciplina de parte nuestra (2 Ti. 2:4); si estas cosas están en nosotros, y abundan, no nos dejarán ociosos ni sin fruto para el pleno conocimiento de nuestro Señor Jesucristo (2 P. 1:8). La gracia es contraria al libertinaje, y nunca debemos colocarlo en la posición que le corresponde a la gracia de nuestro Dios.

V. Y niegan a nuestro único Amo y Señor Jesucristo[19].

Judas nos dice: “y niegan a nuestro único Amo” (gr. kai arnoumenoi[20] hêmôn[21] monon[22] despotên[23]).

En cuanto a negar (cf. Tit. 1:15-16; 2 P. 2:1; 1 Jn. 2:22), la Escritura nos dice lo siguiente:

“Pero a cualquiera que me niegue delante de los hombres, Yo también le negaré delante de Mi Padre que está en los cielos” (Mt. 10:33).

“El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a Su Siervo Jesús, a quien vosotros entregasteis y negasteis delante de Pilato, cuando éste había resuelto ponerle en libertad” (Hch. 3:13).

 “Pero si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo” (1 Ti. 5:8).

“Si perseveramos, también reinaremos con El; si le negamos, El también nos negará. Si somos infieles, El permanece fiel; pues El no puede negarse a Sí mismo” (2 Ti. 2:12-13).

“Que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; de éstos apártate” (2 Ti. 3:5).

“Profesan conocer a Dios, pero con sus obras lo niegan, siendo abominables y desobedientes, reprobados en cuanto a toda buena obra” (Tit. 1:16).

“Porque la gracia de Dios se ha manifestado, trayendo salvación a todos los hombres, educándonos a que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente” (Tit. 2:12).

“Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como también entre vosotros habrá falsos maestros, que introducirán secretamente herejías destructoras, y aun negarán al Amo que los compró, acarreando sobre sí mismos destrucción repentina” (2 P. 2:1).

“¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es anticristo, el que niega al Padre y al Hijo. Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre. El que confiesa al Hijo, tiene también al Padre” (1 Jn. 2:22-23).

La negación de los falsos maestros apóstatas era dirigida hacia nuestro único Amo.

Nuestro único (Sal. 62:2; Lc. 9:36; Jn. 17:3; Ro. 16:27; 1 Ti. 1:17; 6:15-16; Jud. 25; Ap. 15:4) Amo (Lc. 2:29; Hch. 4:24; 2 Ti. 2:21; 2 P. 2:1; Ap. 6:10) y Señor (gr. kai Kyrion) es Jesucristo (gr. Iêsoun Christon).

Jesucristo es Aquel que murió (Jesús, Mt. 1:21; Jn. 1:29) y resucito (Cristo, Hch. 2:31, 36). Su resurrección le hizo Cabeza del Cuerpo (1 Co. 11:3; Ef. 1:10; 5:23) y nuestro Amo (Col. 4:1), y también le hizo Señor y Cristo (Hch. 2:36 cf. 1 Co. 12:3). Así, que negar a nuestro único Amo y Señor, es negar Su resurrección, y negar Su resurrección equivale a negar nuestra fe. Pablo lo dijo:

“Pero si se proclama a Cristo que resucitó de los muertos, ¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos? Si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra proclamación, vana es también vuestra fe” (1 Co. 15:12-14).

Negar la persona de Cristo nos conduce espontáneamente a negar Su obra, y negar Su persona y Su obra redunda en negar nuestra fe y la eficacia de la piedad. Es decir, de que Dios puede expresarse en la humanidad. ¡Esto es terrible!

Negar a nuestro único Amo y Señor Jesucristo nos conduce a trasladar la gracia de nuestro Dios hacia el libertinaje e introducirla dentro de él hasta que llegue a ser un desenfreno absoluto. Negar a nuestro único Amo y Señor Jesucristo es la causa, y convertir la gracia de nuestro Dios en libertinaje es el resultado práctico de ese mismo hecho.

Si nos apartamos de la sujeción a Cristo como Cabeza y reusamos Su Señorío sobre nuestras vidas, tarde o temprano terminaremos viviendo en el desenfreno, en el libertinaje, la lascivia, y en una conducta libertina, que desemboca en negar la fe. La cual somos llamados a contender ardientemente por ella. He aquí, otra prueba indubitable de que contender ardientemente por la fe no es disputar por doctrinas; sino vivir la persona y la obra del Señor plenamente en nuestras vidas.





[1] Judas, en la sección que va desde este versículo 4 hasta el 19, es decir, la sección referente a los falsos maestros, es una sección que se caracteriza por la formación de grupos de cuatro y seis: (1) cuatro características en el v. 4 (sean introducido encubiertamente, hombres impíos, convierten la gracia de Dios en libertinaje y niegan a nuestro único Amo y Señor Jesucristo), (2) cuatro características en el v. 8 (soñadores, contaminan la carne, menosprecian el señorio y blasfeman las potestades superiores) y (3) cuatro características más en los vs. 18-19 (burladores, andan según sus impías concupiscencias, causan divisiones y son anímicos, que no tienen espíritu); en cuanto a los grupos de seis, tenemos: (1) los seis relatos del Antiguo Testamento (los israelitas incrédulos, los ángeles que no guardaron su principado, Sodoma y Gomorra, Caín, Balaam y Coré), (2) las seis metafóras tomadas del mundo natural (los escollos ocultos, el apacentarse a sí mismos, la nubes sin agua, los árboles otoñales, las fieras olas del mar y las estrellas errantes) y (3) las seis características de los vs. 10 y 16 (se corrompen como animales irracionales, murmuradores, quejumbrosos, andan según sus impías concupiscencias, hablan cosas infladas y adulan a las personas para sacar provecho). El número cuatro en la Biblia representa los cuatro confines de la tierra (Is. 11:12) y los seres vivientes (Ez. 1:15; Ap. 4:8), es decir, la totalidad del mundo; y el número seis representa al hombre creado por Dios al sexto día (Gn. 1:26-27) pero no regenerado (Gn. 3:22, 24; Ap. 13:18); y las triadas de grupos de cuatro y seis representan el testimonio en boca de tres testigos (Mt. 18:16; 2 Co. 13:1). Es así, que la sección 4-19 de Judas es un testimonio irrevocable y fehaciente de la maldad de los falsos maestros apóstatas que moran sobre toda la tierra habitada.
[2] Conjunción. Partícula primaria; propiamente asignando una razón (usada en discusión, argumentación, explicación o intensificación; a menudo con otras partículas: porque.
[3] Pronombre indefinido nominativo plural masculino: algunos.
[4] Nótese que estas palabras aparecen en oposición a agapêtoi  (amados, o queridos hermanos) y reflejan cierta medida de desprecio.
[5] Segundo aoristo de indicativo en voz pasiva de pareisduô (-nô), una palabra tardía (Hipócrates, Plutarco, etc.), compuesta de para (al lado) y eis (hacia dentro) y duô, hundirse o zambullirse, y así deslizarse secretamente como por una puerta lateral, sólo aquí en el N.T.
[6] Artículo definido nominativo plural masculino: los que.
[7] Adverbio, probablemente otra forma de palin, también, otra, además (mediante la idea de retroceso); (adverbialmente) anteriormente, o (relativamente) algún momento desde: desde antiguo.
[8] Participio perfecto pasivo de prographô. Nuestra palabra castellana “programa” deriva de ella. Lit.: “escrito de antemano”. Véase Gá. 3:1; Ro. 15:4. Este participio compuesto enfatiza la noción de tiempo. El tiempo perfecto pasivo da a entender una acción que ocurrió en el pasado pero que tiene influencia sobre el presente. El adverbio palai (hace mucho) enfatiza el tiempo que ha transcurrido.
[9] Esta es una preposición griega primaria, aparece 1750 veces en el N.T. “Designa las mismas dimensiones espaciales que en, pero con dirección hacia una meta, no como indicación de lugar sin dirección alguna” (W. Elliger). “El concepto principal es de movimiento para penetrar o entrar en. En el griego moderno ha tomado el lugar de en” (Alfred Tuggy). “Indican el punto alcanzado o al que se ha entrado, de lugar, tiempo, o figurativamente, propósito, resultado, etc.” (James Strong). Según estas tres definiciones, eis denota tanto “destino” (como ocurre en Mt. 8:4; Mr. 14:9; Ro. 3:25; 15:7; Hch. 2:38) como “un llegar a ser” (como ocurre en 1 Co. 15:45, eis psychên [llegar a ser alma] y eis Pneuma [llegar a ser Espíritu], y 1 Jn. 5:8, eis to en eisin [llegar a ser lo mismo], y los casos donde aparece combinado con el verbo griego ginomai: Lc. 13:19; Jn. 4:14; Hch. 5:36; Ap. 8:11; 16:19) al mismo tiempo, y hacia un movimiento interior. Por tal razón, tanto el Vocabulario Griego del Nuevo Testamento de la Editorial Sígueme de Salamanca como el Volúmen 1 del Diccionario Exegético del Nuevo Testamento de Horst Balz y Gerhard Schneider lo traducen como “hacia” o “hasta”. “Hacia” denota el destino; mientras que “hasta” denota un ‘llegar a ser’, como el verbo griego ginomai. Diferenciar entre ambos, entre el destino y el “llegar a ser”, es bastante difícil, porque ambos están implícitos. Por ello, Swanson comenta: “con frecuencia es difícil distinguir entre propósito y resultado… [eis es un] indicador de período continuo de tiempo hasta alcanzar un punto determinado (Mt. 10:22; Jn. 13:1)”. Esta preposición aparece en esta epístola en los versículos: 4, 6, 13, 21 y 25. En este versículo denota que los hombres impíos están siendo destinados a ser introducidos en el juicio y han de llegar a ser tal juicio porque las concupiscencias en su interior (Stg. 1:14) los conducen a tal juicio.
[10] Pronombre demostrativo acusativo singular neutro: esta.
[11] Artículo definido acusativo singular neutro: el. Es bastante redundante aquí. Por ello, Francisco Lacueva en su interlineal no la traduce.
[12] Lit.: “sentencia dictada”, de ahí que a veces se traduzca como juicio o condenación.
[13] Adjetivo nominativo plural masculino. De a, como partícula negativa, y un derivado presunto de sebomai, honra, reverencia, adorar; irreverente, es decir, por extensión: impío.
[14] Participio presente en voz activa de metatithêmi, cambiar. Proviene de meta, cambio y de thêsô, poner; de ahí transferir, es decir, literalmente: transportar; por implicación: cambio; reflexivamente: cambiar de lados, o figurativamente: alejar, cambiar, convertir, trasladar, trasponer.
[15] Véase la nota 99, pág. 90, para mas detalles de esta preposición griega.
[16] Artículo definido acusativo singular femenino: (que) la.
[17] Pronombre personal primera persona genitivo plural: de nosotros.
[18] Artículo definido genitivo singular masculino: del.
[19] “La palabra soberano [Amo] generalmente describe a Dios en el Nuevo Testamento. Pero en este versículo es Jesús quien es llamado Soberano y Señor. Algunos manuscritos griegos y al menos dos traducciones tienen la lectura, “y niegan al único Señor Dios y a nuestro Señor Jesucristo” [o “y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo” (RVR-1960)]. Esta lectura mantiene la unanimidad al atribuirle la soberanía tanto a Dios Padre como a Jesús. Sin embargo, los mejores manuscritos no tienen la palabra Dios (gr. Theon) y los traductores prefieren la lectura más breve. Debemos aplicar una norma de la gramática, ya que en el griego sólo un artículo determinante precede a los sustantivos soberano y Señor. La norma estipula que cuando un artículo controla dos sustantivos, el escritor se está refiriendo a una sola persona. Esto quiere decir, que Judas se está refiriendo a una persona, no a dos (véase también 2 P. 2:1). Designa a Jesucristo como nuestro único Soberano y Señor, y da a entender que no podemos tener ningún otro Señor que Jesús” (Simon J. Kistemaker, Comentario al Nuevo Testamento, 1 y 2 de Pedro y Judas, Editorial Desafío, pág. 428,1994).
[20] Tal vez de a, como partícula negativa, y la voz media de rhêthen, dicho; contradecir, es decir, desconocer, rechazar, abnegado: negar, rechazar, rehusar, renunciar.
[21] Pronombre personal primera persona genitivo plural: de nosotros.
[22] Adjetivo acusativo singular masculino: solo, único.
[23] Tal vez de dêsê, atar y de pósis, esposo; gobernador absoluto. La palabra castellana “déspota” deriva de esta, la cual se define como: “Soberano que gobierna sin sujeción a ley alguna”; y debido a este sentido negativo, de cierta tiranía, se prefiere no traducir este vocablo griego con esta palabra castellana. Porque aunque el Señor nos gobierna de forma absoluta, Él no lo hace sin ninguna ley; sino bajo la ley del amor. Él no es ningún tirano; sino un gobernador tierno y compasivo (Stg. 5:11).