Judas 5


Lectura bíblica:

Judas 5 “Mas quiero recordaros, ya que una vez para siempre lo habéis sabido, que el Señor, habiendo salvado al pueblo sacándolo de la tierra de Egipto, después destruyó a los que no creyeron”.

Comentario:

En este versículo Judas comienza a mencionarnos lo que estaba escrito de antemano sobre los falsos maestros apóstatas, y saca a relucir en primera instancia el ejemplo del Éxodo de los hijos de Israel, su correspondiente incredulidad en el desierto.



I. Hacer remembranza de lo que el Espíritu nos ha enseñado una vez para siempre.

El nos dice: Mas quiero recordaros (gr. de[1] boulomai[2] hypomnêsai[3]), ya que una vez para siempre lo habéis sabido (gr. panta[4] hapax[5] eidotas[6])[7]. El verbo griego hypomnêsai significa literalmente “poner bajo recuerdo”, y conlleva la idea de un recuerdo vivido, profundo, que nos ha impactado como en Lc. 22:61, un recuerdo interior, en nuestro espíritu, producto del Espíritu como en Juan 14:26 (cf. 1 Co. 2:10; Ef. 3:5 y Ro. 15:15; 2 P. 1:12-13; 3:1).



Este tipo de recordar, era la comisión más importante para los apóstoles Pablo, Pedro y Juan, por ello leemos lo siguiente:

“Recuérdales esto, encargándoles solemnemente delante de Dios que no contiendan sobre palabras, lo cual para nada aprovecha, sino que lleva a la ruina a los oyentes” (2 Ti. 2:14).

“Recuérdales que se sujeten a los gobernantes y autoridades, que obedezcan, que estén dispuestos a toda buena obra” (Tit. 3:1).

“Por esto siempre estaré recordándoos estas cosas, aunque vosotros las sepáis, y estéis confirmados en la verdad presente” (2 P. 1:12).

“Por esta causa, si yo voy, recordaré las obras que hace parloteando con palabras malignas contra nosotros; y no contento con estas cosas, no recibe a los hermanos, y a los que quieren recibirlos se lo prohíbe, y los expulsa de la iglesia” (3 Jn. 10).

Este versículo vuelve a emplear el adverbio griego hapax, una sola vez para siempre, que Judas utilizó en el versículo tres. Esta vez, acompañado de eidotas, que literalmente se traduciría “han sabido todas las cosas”. La fe la hemos recibido una vez para siempre, y la sabemos por el Espíritu una vez para siempre. Fronmuller hace el siguiente comentario:

“Lo habéis oído de una vez por todas, y estampado en la memoria; no necesitáis ninguna nueva instrucción; pero es asunto de urgente necesidad que se os recuerde, que reflexionéis seriamente sobre el asunto y apliquéis los ejemplos del pasado a los acontecimientos del presente, a medida que ocurren”.

Judas simplemente quiere afirmar que en contraste con la pretendida superioridad de conocimientos de los pregnósticos (1 Ti. 6:20-21), ellos tenían todo el conocimiento necesario para la salvación (Léase 1 Jn. 2:20, 27) impartido por Dios por medio de Cristo. Francisco Lacueva comenta algo muy importante sobre esto, él dice:

“La frase ‘sabéis todas las cosas’ (lit.) es parecida a la de 1 Jn. 2:20 (según lectura probable)” (Comentario Bíblico Matthew Henry, Trece tomos en uno, Editorial CLIE, Pág. 1911, 1999).

1 Juan 2:20 dice:

“Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y todos habéis sabido todas las cosas” (gr. oidate  panta).

En Juan 15:15, el Señor dijo:

“Ya no os llamo esclavos porque el esclavo no sabe (gr. oide) lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de Mi Padre, os las he dado a conocer”.

Y en Juan 14:26 agregó:

“Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en Mi nombre, El os enseñará (gr. didaxei) todas las cosas (gr. panta), y os recordará (gr. hypomnêsei) todo lo que Yo os he dicho (gr. eipon)”.

Es el Espíritu el que nos enseña y nos hace recordar las cosas que el Señor nos hablo por medio de las Escrituras antiguotestamentarias (Jud. 5-7, 11) y por medio de Sus apóstoles y profetas neotestamentarios (Jud. 17-18).

La apelación de Judas en este versículo era al Espíritu, para que este les recordará a sus lectores en sus espíritu todas las cosas espirituales que se les había enseñado una vez para siempre.

II. La salvación y la destrucción del Señor a los incrédulos.

Judas continúa y nos dice “que el Señor (gr. hoti[8] ho Kyrios[9]), habiendo salvado al pueblo (gr. sôsas[10] laon[11]) sacándolo de la tierra de Egipto (gr. ek[12] gês[13] Aigyptou[14]), después destruyó a los que no creyeron (gr. to deuteron[15] apôlesen[16] tous[17][18] pisteusantas[19])”.

Aquí, en esta parte de este versículo, encontramos la primera de las dos variantes textuales encontradas en Judas, y ella tiene que ver con el uso de “el Señor”. Existen siete posibles lecturas de esta porción, pero las tres más influyentes son las que dicen que “Dios habiendo salvado al pueblo”[20], “Jesús habiendo salvado al pueblo”[21], y la que nosotros hemos adoptado, “el Señor habiendo salvado al pueblo”[22]. F. F. Bruce ofrece la lectura más probable, él nos comenta:

“Por tanto, hay un principio de interpretación que se denomina ‘presencia real’ de Cristo en el Antiguo Testamento. En un pasaje paulino al que ya hemos hecho referencia se dice que la roca que acompañó a los israelitas en el desierto era ‘Cristo’ (1 Co. 10:4); eso significa que entonces obtuvieron de Cristo su refrigerio espiritual, igual que los cristianos hoy. Otro ejemplo se encuentra en lo que probablemente es la interpretación original de Judas 5: [Jesús] habiendo salvado al pueblo sacándolo de Egipto, destruyó a los que no creyeron’. En lugar de ‘Jesús’, varios escritores del texto con autoridad ponen ‘el Señor’, ‘Dios’ o el artículo determinado griego (‘el que salvó…’). Pero estas diversas interpretaciones proceden de la dificultad inherente a la interpretación de ‘Jesús’; ningún escriba habría sustituido ‘Jesús’ por algunos de aquellos otros. ¿Qué podría significar ‘Jesús’ en este contexto? La referencia no es al siervo y sucesor de Moisés, Josué, como lo es en Hch. 7:45 y He. 4:8. Josué condujo a Israel a la tierra prometida (proporcionando así el material para una rica tipología Josué-Jesús), pero no los libero de la tierra de Egipto. La idea de Judas parece ser que aquel que condujo a Israel sacándolo de Egipto era el Hijo de Dios antes de Su encarnación (el Hijo de Dios que una vez encarnado se llama Jesús). El hecho de que Yahvéh, el nombre personal del Dios de Israel, se leyera normalmente como ‘Señor’ (griego: Kyrios) en la Septuaginta, y de que Jesús fuera llamado ‘Señor’ (griego: Kyrios) en la Iglesia, hizo que fuera más fácil identificar a Jesús con ‘el Señor’ que iba delante de Israel en una columna de humo y de fuego, quien los rescató del poder de los egipcios, quien los sano en el desierto (Éx. 13:21; 14:30; 15:26). Era más fácil aún identificar a Jesús con el mensajero del pacto, el ángel de la presencia de Yahvéh, quien los condujo bajo las ordenes de Moisés hacia la tierra de reposo (Éx. 14:19; 23:20-23; 32:34; 33:2, 14; Is. 63:9)” (El Canon de la Escritura, Editorial CLIE, Págs. 61-62, 2002).



No debería existir ninguna controversia en cuanto a esta variante textual, ya que debemos recordar que Mateo 1:21, nos dice:

“Y dará a luz un hijo, y llamarás Su nombre Jesús, porque El salvará (gr. sôsei) a Su pueblo (gr. laon) de sus pecados”.

Es posible que Judas tuviera en mente este versículo a la hora de escribir Judas 5. Además, el nombre ‘Jesús’ significa literalmente “Jehová el Salvador”, y Jesús es el Señor (1 Co. 12:3; Hch. 2:36) y Él es Dios (Jn. 20:28; Ro. 9:5). Y los tres de la Trinidad no obran separados, cuando el Padre obra, obra en el Hijo y por el Espíritu; y cuando el Hijo obra, obra con el Padre y por el Espíritu; y cuando el Espíritu obra, obra como el Hijo con el Padre. Pero no obstante, aunque ninguno de los tres están separados, esto no exime que sean diferentes en Su función; y la función particular y que diferencia a Jesús de los otros dos, es la redención y la salvación (cf. Ef. 5:23).

Así que Judas nos dice: que el Señor Jesús, quien es Jehová el Salvador y nuestro Dios, habiendo salvado al pueblo sacándolo de la tierra de Egipto. El punto en cuestión aquí es Éxodo 13:3, 9, que nos dice:

“Y Moisés dijo al pueblo: Tened memoria de este día, en el cual habéis salido de Egipto, de la casa de servidumbre, pues Jehová os ha sacado de aquí con mano fuerte; por tanto, no comeréis leudado… Y te será como una señal sobre tu mano, y como un memorial delante de tus ojos, para que la ley de Jehová esté en tu boca; por cuanto con mano fuerte te sacó Jehová de Egipto”.

Luego, se nos dice: en segundo lugar, destruyó a los que no creyeron. La cita del Antiguo Testamento a la cual Judas alude es Nm. 14:22-37 (cf. Nm. 26:64-65; Dt. 2:15-16; Sal. 106:26; He. 3:16-19; 4:1-2), en cuanto a esto 1 Co. 10:5-11 nos dice:

“Pero de los más de ellos no se agradó Dios; por lo cual quedaron postrados en el desierto. Estas cosas sucedieron como ejemplos para  nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron. Ni seáis idólatras, como algunos de ellos, según está escrito: ‘Se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a jugar’. Ni forniquemos, como algunos de ellos fornicaron, y cayeron en un día veintitrés mil. Ni tentemos a Cristo, como también algunos de ellos le tentaron, y fueron destruidos por las serpientes. Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el destructor. Y estas cosas les acontecieron en figura, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos”.

Hebreos 3:16-18 agrega:

“¿Quiénes fueron los que, habiendo oído, le provocaron? ¿Acaso no fueron todos los que salieron de Egipto por mano de Moisés? ¿Y con quiénes estuvo El disgustado cuarenta años? ¿No fue con los que pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el desierto? ¿Y a quiénes juró que no entrarían en Su reposo, sino a aquellos que desobedecieron?”

Finalmente, Judas 11 nos dice:

“¡Ay de ellos! porque han seguido el camino de Caín, y se lanzaron por lucro en el error de Balaam, y perecieron en la rebelión de Coré”.

Estos versículos nos enseñan, que muchos pueden estar con nosotros en nuestra comunión de forma externa (Jud. 12), pueden participar externamente de la pascua (Éx. 12:1-51; 1 Co. 11:26) y pueden experimentar, en apariencia (2 Ti. 3:5), la nube [el Espíritu], la salvación de Jehová en el cruce del Mar Rojo (1 Co. 10:1-2), el alimento espiritual y el agua de la Roca (1 Co. 10:3-4); pero, no obstante, debido a que en sus corazones hay codicia como Coré (Stg. 4:2), idolatría como Balaam (cf. Col. 3:5; 1 Co. 10:14), fornicación (1 Co. 6:13, 18), tentación hacia el Señor (Mt. 4:7; Lc. 4:12), murmuración (1 Co. 10:10), y desobediencia (cf. 1 S. 15:23); cosas que se resumen en una sola palabra: “incredulidad” (He. 4:2). Y aunque están con nosotros; no obstante, se encuentra en apostasía (2 Ts. 2:3; 1 Ti. 4:1), han dejado atrás la fe; y el Señor no tendrá por inocente al culpable (Nah. 1:3), Él extenderá Su mano contra ellos para castigar su incredulidad; al igual que sucedió con los hijos de Israel, quienes vagaron por cuarenta años en el desierto (Nm. 14:33-34; 32:13), hasta que aquella generación perecío (1 Co. 10:5); entrando únicamente Josué y Caleb (los vencedores) en la tierra prometida (Nm. 14:6-9, 30, 36-38; 26:65; 32:11-12). Debemos de darnos cuenta, que el creer recibe al Señor en nuestro interior (Jn. 1:12) para que seamos hijos de Dios (Jn. 1:13), y que sin fe es imposible agradar a Dios (He. 11:6).

Los falsos maestros apóstatas estaban con los santos (Jud. 12), a quienes había sido trasmitida la fe una vez para siempre (Jud. 3), tenían apariencia de piedad (2 Ti. 3:5), pero no creían en nuestro único Amo y Señor Jesucristo (Jud. 4). Como Juan lo dice:

“Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros” (1 Jn. 2:19).

Los falsos maestros apóstatas, no son creyentes; son parte del gran árbol (Mt. 13:31-32), de la apariencia del reino de los cielos; no de su realidad (Mt. 5-7). Así, que todos ellos están destinados para presa y destrucción (2 P. 2:12).



[1] Conjunción: Pero, mas.
[2] Presente voz media modo indicativo primera persona singular. Desear, es decir, reflexivamente: estar dispuesto, estar queriendo.
[3] Primer aoristo de infinitivo en voz activa: poner bajo recuerdo, mas hacer memoria. Deriva de hypo, poner debajo y de mimnêskê, acordar; hacer acuerdo calladamente, es decir, sugerir a la memoria.
[4] Adjetivo acusativo plural neutro: de todo.
[5] Hapax: Una vez por todas, igual que el versículo 3.
[6] El participio perfecto activo tiene un significado de tiempo presente (del verbo oida, yo sé) es concesivo en su traducción. Este verbo indica conocimiento inherente: “aunque ustedes fueron plenamente informados de una vez por todas”.
[7] Panta hapax eidotas. Lit.: “Ya que de una vez por todas lo conocéis todo”. Participio perfecto concesivo (sentido del presente) en voz activa como en 2 P. 1:12, pero sin kaiper.
[8] Conjunción: que.
[9] Aunque esta lectura no cuenta con testimonios tan abundantes como las palabras ho Iêsoun, los editores y traductores prefieren la lectura ho Kyrios, “y explican el origen del problema como un descuido de transcripción (escribiendo ΚΣ en vez de ΙΣ).
[10] Lit.: “habiendo librado”.
[11] Nombre acusativo singular masculino: al pueblo.
[12] Preposición primaria denotando origen, el punto de donde procedo el movimiento o acción, de, fuera. Aquí: de fuera.
[13] Nombre genitivo singular femenino: (la) tierra.
[14] Nombre genitivo singular femenino: Egipto.
[15] Lit.: “segunda vez, en segundo lugar”.
[16] Aoristo activo indicativo tercera persona singular: destruyó.
[17] Artículo definido acusativo plural masculino: a los que.
[18] Partícula plural negativa: no. Aparece también en los versículos 6 y 19.
[19] Mê pisteusantas: No creyeron, no tuvieron fe.
[20] El Códice Efraím Receptus leen de esta forma.
[21] El Códice Alejandrino, el Códice Vaticano, los manuscritos #33 y #81, y tres manuscritos en latín antiguo del siglo IV d.C., junto con tres versiones de la Vulgata Latina del siglo IV d.C., leen de esta forma.
[22] El documento K del siglo IX d.C., el documento L del siglo VIII d.C., los manuscritos #104 y #945, junto con el texto bizantino y la Lectura Lectionaría, leen de esta forma.